
En esta pinícula recuerdo haber visto más gente que nunca, es la historia de un muchachito muy guapo y el bruto de su hermano que anda dando mamporros como único lenguaje, nunca se sabrá por qué siempre estaba mosqueado, pero a los malos los ponía tibios de hostias, con el consiguiente refocile del público, que comía pipas como grillos mientras nos comíamos los bocadillos de tortilla que mi madre nos había preparado, bebíamos agua del botijo que tenía Concha la del Puesto y así echábamos la noche, viendo cómo estos dos guasas le daban hasta en el carnet a los que querían destruir el poblado evangélico donde estaba la muchachita que le gustaba a Trinidad, que por supuesto, era rubia de ojos azules como él.Al final, se besan y seguramente se casarían, cosa que vimos que no fue así en la segunda parte.
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